Una ruta por el barrio judío de Marrakech supone un paseo por los lugares más representativos para la comunidad hebrea. Ya lo hicimos en posts similares con Essaouira, Azzemour o Fez, por ejemplo, y ahora le llega el turno a la ciudad roja, uno de los principales polos turísticos de Marruecos, donde las huellas de esta religión son aún visibles o, cuando menos, evocables en un recorrido como este.
Un poco de historia: el mellah
Marrakech tiene su mellah: con este nombre se conoce a las juderías de Marruecos, significa ‘salina’ o ‘saladero’ y deriva del barrio judío de Fez, el más antiguo del país , llamado así desde el principio según diferentes teorías, entre ellas la que habla de la sal como producto abundante en el barrio, utilizado para transacciones comerciales.
El mellah de Fez surgió a mediados del siglo XV, mientras que el de Marrakech lo hizo a mediados del XVI (aunque hay documentada presencia judía en la ciudad mucho antes). Fue en torno a 1560 cuando el sultán Abdallah al-Ghalib (dinastía saadí) mandó construir un barrio perimetrado junto al Palacio Real El Badi, al ver que la población judía local estaba aumentando considerablemente, en parte por la expulsión de los sefardíes de la Península Ibérica en 1492. En el momento de mayor auge alojaba a unas 40.000 personas, pero en la actualidad se contabilizan sólo 200 judios, según algunas fuentes.
Por tanto, una ruta por el barrio judío de Marrakech lleva, necesariamente, al mellah. Paseando por él es posible percibir un urbanismo distinto al de la medina: aquí las calles no son tan sinuosas y laberínticas y, aunque las construcciones son bajas y enlucidas en el tradicional rojo, la trama es más rectilínea, lo que denota un desarrollo más planeado que en las medinas medievales.
La plaza de los hojalateros
El corazón del mellah de Marrakech es la Plaza de los Hojalateros (Place des ferblantiers, en francés). No se encuentra exactamente en el centro del barrio, pero sí es su lugar más emblemático y populoso. De hecho, la existencia de una plaza es ya otro rasgo distintivo con respecto a la medina, donde no abundan estos espacios abiertos y regulares. Su nombre deriva del antiguo trabajo de la hojalata aquí, algo que todavía hoy es perceptible, además de la presencia de otros muchos artesanos, tanto del metal como de otros materiales.
Sinagoga Salat Alzama
Es el principal templo religioso de la Marrakech judía y, aunque su acceso es humilde y discreto, su interior es muy rico, con espacios explicativos sobre su historia y la del barrio. En el centro, además, cuenta con un hermoso patio con árboles y alicatado de azulejos que supone todo un remanso de paz. Está integrada en el edificio residencial de una familia musulmana. La sala de oración y el resto de espacios fueron reformados a mediados del siglo XX y destaca el hejal de mármol, que sustituyó a uno antiguo de madera. Cuenta con escuela talmúdica.
Cementerio judío
Adyacente al mellah de Marrakech se ubica el cementerio judío, este espacio de reposo eterno destaca por su gran tamaño, de unas 8 hectáreas. Entre las innumerables tumbas, algunas de ellas de rabinos objeto de peregrinación (como Shlomo Ben-Tamtzot), se distinguen también lápidas anónimas que, según los expertos, es reflejo de las epidemias que asolaron la ciudad y el mellah, lo que obligó a preparar enterramientos precipitados en este camposanto.
Estos son sólo algunos de los lugares más representativos de la ruta por la Marrakech judía, pero a buen seguro que un paseo guiado por el mellah te permitirá conocer otros muchos rincones con encanto y anécdotas de interés. Coméntanoslo y nos encargaremos de integrar este servicio en tu circuito de viaje.