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Historia de Marruecos, desde sus orígenes

La historia de Marruecos es milenaria, puesto que hunde sus orígenes en tiempos inmemoriales mucho antes de la llegada de fenicios, romanos y musulmanes. En las siguientes líneas hacemos un breve repaso a las principales épocas que se han desarrollado en este lugar.

La historia de Marruecos antes del Islam

Antes de la llegada del Islam y de la formación del país como lo conocemos hoy, hay varias etapas que deben formar parte de estas líneas sobre la historia de Marruecos. La primera se retrotrae a tiempos inmemoriales, cuando este territorio del norte de África ya estaba habitado por tribus bereberes o imasighen, que significa ‘hombres de la tierra’.

Aquí se instalaron estas gentes hace miles de años, mucho antes de la llegada de los fenicios. Y en sus momentos de mayor poder, llegaron a controlar el territorio que va desde Egipto hasta la costa occidental del continente. Siempre se han caracterizado por guardar con celo su independencia y tradiciones, lo que permitió que se mantuvieran vivas tras la islamización, algo que no solo se explica en los libros de historia de Marruecos sino que todavía puede comprobarse en la actualidad.

Estos bereberes se mantuvieron fieles a su modo de vida con la llegada de colonos fenicios e incluso con la de los romanos, de espíritu más imperialista, como demuestran las guerras púnicas y algunos de sus episodios más famosos en el norte de África, como el saqueo de Cartago en 146 a.C.

No obstante, tras los daños y consecuencias de dichas guerras, la posterior conquista romana del área trajo consigo un período de paz. Así lo demuestra la fundación de numerosas ciudades, involucrando en ellas a los ciudadanos nativos de las llanuras litorales. Cuando el cristianismo se convirtió en religión oficial del Imperio Romano en el siglo IV d.C., los bereberes mantuvieron su espíritu resistente, en este caso frente al movimiento de la secta liderada por el cristiano Donato y sus sucesores.

 

La irrupción del Islam en la historia de Marruecos

Un hecho decisivo en la historia de Marruecos y del resto de países musulmanes fue la irrupción del Islam y de su espíritu proselitista, que llevó a sus soldados a conquistar numerosos territorios desde la península Arábiga durante el siglo VII y en las siguientes centurias. Desde Egipto hacia el oeste, los ejércitos árabes llegaron a controlar todo el norte de África a principios del siglo VIII, incluido lo que hoy se conoce por Marruecos. No obstante, una revuelta bereber contra los gobernantes omeyas y posteriormente abasíes desembocó en la formación de varios territorios autocontrolados por los propios bereberes, coexistiendo con sucesivos estados musulmanes dirigidos por las dinastías idrisí y fatimí.

En el siglo XI, comienza el periodo de la historia de Marruecos dominado por las grandes dinastías bereberes. La de los almorávides logró la expansión desde el sur del Atlas y dotó al territorio de una cierta identidad colectiva y unidad política bajo su mandato, tanto en esta zona del norte de África como en la mitad sur de la península Ibérica, territorio conocido como Al-Andalus. Fue el periodo en el que se fundó Marrakech, en 1062, ciudad que fue designada como su capital.

A mediados del siglo XII fueron reemplazados por la otra gran dinastía bereber de la historia de Marruecos: los almohades, que fundaron nuevas ciudades o impulsaron otras con un nuevo cuerpo profesional de funcionarios: Fez, Tlemcen y Rabat alcanzaron su gran periodo de esplendor cultural, aunque su imperio se vio debilitado por las derrotas contra los españoles.

En su lugar se instalaron los meriníes, especialmente en las tierras del interior marroquí, aunque un nuevo periodo de reconquista cristiana al otro lado del estrecho de Gibraltar debilitó sus posiciones, especialmente tras el declive de sus aliados del reino nazarí de Granada en el siglo XV. Revueltas internas provocaron la caída de esta dinastía en los siguientes decenios.

Después de la instauración y caída de los watasíes y los saadíes, dos dinastías de corta duración que recibieron una importante afluencia de musulmanes y judíos expulsados de España, en el siglo XVII tiene lugar un momento clave para la historia de Marruecos: se aupó al poder la dinastía alauita, que es precisamente la de los reyes actuales marroquíes. Fueron los encargados de crear un estado más unificado, como ocurrió con Ismail Ibn Sharif (1672-1727), aunque tras su muerte hubo oscilación entre periodos de división y luchas de poder con nuevos intentos centralizadores.

 

Siglos XIX y XX: la influencia europea y la independencia

Desde mediados de siglo XIX, los intereses comerciales europeos comenzaron a hacerse más palpables gracias a su riqueza de recursos naturales, dando como resultado intervenciones y conflictos contra España y Francia. En un contexto internacional de colonialismo, anterior y posterior a la Primera Guerra Mundial, el territorio del actual Marruecos se convirtió en dos Protectorados: uno Francés con capital en Fez primero y Rabat después, y otro Español, con capital en Tetuán.

El mariscal francés Lyautey fue el hombre fuerte de este período en el Protectorado Francés, respetando la cultura árabe de sus gentes. De hecho, fue un periodo de la historia de Marruecos en el que se construyeron nuevas ciudades y barrios, de estilo europeo fuera de las murallas, como todavía hoy se puede apreciar en muchas de ellas, además de potenciar el puerto de Casablanca. La figura de sultán se mantuvo, pero con fines puramente simbólicos.

No obstante, el clima de oposición entre buena parte de la población llevó a una sublevación militar en las montañas del Rif, liderados por el bereber Abd el-Krim, dando lugar a una guerra en los años 20 que implicó a españoles y franceses contra los marroquíes. La balanza se decantó del lado europeo solo tras la movilización de unos 25.000 soldados hispanofranceses, allanando su presencia durante tres décadas más.

No obstante, tras la Segunda Guerra Mundial y en un contexto internacional de descolonización, el exiliado sultán Mohammed V creó un partido independentista que logró su objetivo en 1956.

Este hito de la historia de Marruecos lo consolidó su hijo Hassan II con la Marcha Verde de 350.000 voluntarios hacia el Sahara Occidental en noviembre de 1975, que aún estaba ocupado por España, integrando la zona al Reino marroquí. Un hecho que no fue aceptado por la vecina Argelia ni por la mayoría de la población local, surgiendo así el Frente Popular del Sáhara Occidental para la Liberación de Saguia al-Hamra y Río de Oro (Polisario). Ello dio lugar a una guerra de independencia que culminó con un alto el fuego en 1991, auspiciado por las Naciones Unidas, aunque este conflicto diplomático todavía no está resuelto.

Mohammed VI, hijo y heredero de Hassan II, accedió al trono en 1999 prometiendo llevar a cabo medidas de apertura democrática, como facilitar la libertad de prensa y combatir la corrupción.

 
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